Antes de entrar de lleno en el terreno del espacio que la mujer tuvo y tiene en el ámbito social asturiano en Argentina, vamos a presentar brevemente una idea del ambiente en el que dicha mujer tuvo y tiene la oportunidad de interactuar.
No trataremos de cualquier mujer, sino de la inmigrante asturiana o sus descendientes; tampoco de cualquier grupo social, sino del que se integró a la vida de aquel país desde principios del siglo XX próximo pasado.
Argentina, como es sabido, se caracteriza por haber sido siempre, ya desde su formación como estado a mediados del siglo XIX, un país totalmente abierto a la inmigración. Esto se pone de manifiesto no sólo desde un marco legal protagonizado ya por el preámbulo de su Constitución Nacional; sino también, por el quehacer cotidiano de los habitantes y las vicisitudes que les ha tocado y toca vivir.
¿Y cuál era el papel de la mujer allá por la primera mitad del siglo pasado? Si consultamos fuentes escritas, textos, y fuentes orales contemporáneas llegaremos a la conclusión que la mujer cumplía funciones más de apoyo, que de protagonismo; más de colaboración que de decisión, ya sea dentro de una institución como el Centro Asturiano de Buenos Aires o fuera, en la sociedad argentina de aquellos momentos.
Dentro de este contexto histórico cabría preguntarnos ahora ¿Qué significaba y significa ser protagonista de una institución?
Lo primero a destacar es que cuando a nuestra casa le tocó nacer, las instituciones estaban protagonizadas por hombres, el Centro Asturiano no fue una excepción. En nuestro caso particular esto lo reflejan las fotografías que podemos encontrar en sus publicaciones, diversas fuentes consultadas, la conformación de sus juntas directivas y la composición de todas sus comisiones.
En los primeros años de vida también las mujeres estaban ausentes en las celebraciones más significativas, conmemorando la compra de algún bien importante, cerrando tratos de alquiler o préstamos significativos, o, simplemente, en los primeros banquetes de agasajo. Esto es apreciable en las fotografías correspondientes a los primeros tiempos donde aparecen reunidos a la mesa tan sólo hombres. Recién las mujeres serán incorporadas a los banquetes a partir del año 36, si bien nuestro Centro se había fundado en 1913. Pero tampoco se advierte en ellas un matíz de protagonismo.
¿En qué participaban las mujeres por aquellos tiempos? Podríamos decir que se veían abocadas a dos tareas fundamentalmente, a la de la enseñanza y a la de las celebraciones.
Ya en 1925 la Escuela de Música que funcionaba en el Centro, estaba a cargo de la profesora Felicidad Madrid, y a la misma concurrían alumnos y alumnas para aprender estos temas. Poco tiempo después la Academia de enseñanza fue creciendo y se pudo practicar la enseñanza de inglés, de labores, y de solfeo y declamación, todas estas tareas monopolizadas por docentes femeninas.
Por aquellos días era común el hecho de que las mujeres se dedicasen a este tipo de actividades, la educación es nuestro contexto nacional no fue privativa de los hombres, sobre todo en los ámbitos dedicados a la enseñanza.
Con respecto a la otra tarea, si bien tenía como medio las celebraciones y fiestas conmemorativas, su fin consistía en recaudar fondos con una intención netamente benéfica. Con esta intención se constituyó en 1926 la comisión de damas de la cual fue su primera presidenta la señora Eloísa C de Caveda. Esta comisión funcionó como tal hasta el mes de mayo de 1957 y resurgió en 1973 con una tarea específica que consistió en la organización de los llamados Té canasta que aún se celebran los segundos sábados de cada mes. En sus inicios organizaba entre otras cosas los famosos Tés danzantes a los que asistían numerosas personas. Esto era realmente favorable para la casa, porque su recaudación era utilizada para las necesidades que el Centro o sus asociados, pudiesen demandar.
También por los primeros tiempos existió la llamada Comisión de Señoritas, que aunque tuvo una breve existencia, también tuvo características de organizadora festiva. Su primera presidenta fue la Señorita Sara Esther Marco, allá por septiembre de 1926.
En realidad la mujer siempre estuvo asociada con ideas como la representación de la belleza, el colaborar con la organización de la casa y el participar del aspecto cultural.
Como ejemplo de la primera de estas ideas, podemos comentar que ya desde comienzos de la década del veinte existía la presentación pública de las reinas del carnaval, (hay numerosas fotografías que lo atestiguan); esto desde 1950 se transformó en la elección de la reina del carnaval, diversificándose en los sesenta en dos postulantes, la de la sede social, y la de Vicente López. Tiempo después, en 1977 evolucionó en la elección de la Reina del Centro Asturiano de Buenos Aires, con la posibilidad de competir y transformarse en la reina de la colectividad española en Argentina. Esto sigue aún vigente.
Dentro del marco de lo festivo, también varias mujeres del espectáculo pasaron por nuestra casa, en concreto por el teatro de la calle Solís. Así podemos citar a la señora Lolita Torres, en las postrimerías de la década del cuarenta y, entrados ya los cincuenta, la presentación de Carmen Sevilla.
Sería imperdonable olvidar el papel que les cupo a las mujeres en las obras de teatro en representaciones como “La güelina”, “Carmina” y otras; y resultó importante el homenaje que en 1953 se le realizó a la señora Balbina Campo por el cincuentenario de su labor escénica difundiendo el teatro asturiano.
Y es dentro del marco del espectáculo donde sí podemos decir que las mujeres tuvieron incidencia desde la primera hora, fue en la composición del coro. Ya desde 1947 siendo director del mismo el maestro Vilatobá, había nueve mujeres en su elenco, en aquel momento igual cantidad que de hombres, lo que se mantuvo y mantiene más o menos estable hasta hoy, siendo su director el maestro Eliseo Rodríguez. Lo mismo podemos comentar acerca de su conjunto de baile, donde las mujeres siempre tuvieron igual protagonismo que los hombres a lo largo de su existencia siguiendo las enseñanzas del ya desaparecido Manolo del Campo.
En otro orden de cosas, en relación al trabajo pago por el Centro Asturiano de Buenos Aires, la proporción de mujeres hasta hace poco tiempo, siempre ha sido escasa.
En una reciente charla con nuestra socia más antigua, quien hoy detenta el número 36 y está pronta a cumplir los setenta y cinco años con la institución, nos referimos a la señora Clotilde Pérez, comentaba, lo que fue ratificado a posteriori en actas, que en el año 1939 ella comenzó a trabajar en la secretaría del Centro Asturiano. En aquel momento ninguna mujer trabajaba allí, normalmente las mujeres se dedicaban a otras tareas, sobre todo las que habían emigrado desde Asturias, así como la costura y las labores. Cabe destacar que, en 1932, teniendo lugar una asamblea general del Centro Asturiano, fue una mujer la que ofició de taquígrafa, la señorita Ana María Colchón.
En relación a este tema y simplemente como dato ilustrativo, las primeras taquígrafas argentinas fueron constatadas en 1908 por la revista “Papel y Tinta”, donde eran presentadas como “peligrosas” por su acceso al mundo del trabajo como una victoria femenina por el autor de la nota.
Con el paso del tiempo esto fue cambiando y en el ámbito laboral hoy son quince las mujeres que desempeñan su actividad laboral en la institución en relación a veintinueve hombres. Sus tareas se reparten en contaduría, administración, secretariado y maestranza.
Un espacio especial merece tener el más importante órgano de difusión del Centro, la revista Asturias; que, desde el año 1919, viene informando e ilustrando la vida de los asturianos en Buenos Aires y refleja las noticias de los que no viven allí. Dentro de sus publicaciones, la presencia de la mujer se ha visto reflejada en diferentes aspectos a tener en cuenta. En principio publicando todas las tareas realizadas por mujeres, ya sea como colaboradoras, ya sea desde algún otro aspecto casual. Como para tener una muestra de lo que estamos diciendo esbozamos a continuación una breve reseña acerca de apariciones femeninas destacadas en algunos ejemplares de nuestra revista:
- En 1926 aparece una nota de Beatriz de San Eutelo acerca de la idiosincrasia de la mujer asturiana, donde pone de manifiesto las características propias de la mujer asturiana.
- En 1929 la poetiza Concha Espina ofrece su novela “Altar Mayor” para celebrar la inauguración del edificio de la calle Solís.
- En 1932 se notifica sobre la asturiana Manolita González alcanzando el doctorado en Ciencias Químicas en 1930.
- Ya en 1953 aparece la señora Dolores Medio Estrada laureada con el premio Nadal.
Y así podríamos seguir enumerando datos hasta la actualidad. Por otro lado, en 1957 comenzará una sección de la revista dedicada a la mujer; su nombre será “La mujer y el hogar”, determinando de alguna manera el interés o el gusto por la lectura que la mujer de aquella época podría tener. Cabe destacar que las revistas de tirada de la época en Argentina, también trataban sobre estos temas, belleza, hogar, manualidades, labores, etc. Esta sección se mantendrá hasta 1968.
Dentro del marco cultural, no podemos dejar de incorporar las diferentes conferencias que la conocida señora María de las Nieves Echevarría, “Pumarín” ofreció en el Centro Asturiano de Buenos Aires; siendo la única mujer que las brindó entre todos los personajes ilustres masculinos como Augusto Barcia y Claudio Sánchez Albornoz entre otros.
Quizás resulte ilustrativo prestar atención a lo publicado en la revista Asturias en el año 1945, que con la autoría de Juan Francisco Fernández Florez, el aldeanu de Mieres y con el título de “Cantares” dice lo siguiente;
La mujer, como l´abeya
Debe ser trabayaora
Morar siempre´n so´caxiellu
Y non salir a deshora.
O casi diez años después,a una publicación de Ángel Ganivet, de la generación del 98 que refiriéndose a la mujer que nos dice; “… hay que aceptar de mejor o peor gana, que la mujer que hoy existe es inmejorable, que no es perfecta; la perfección sería un grandísimo peligro para el hombre”. “La mujer tiene un sólo camino para superar sus méritos al hombre, ser cada día más mujer”.
Habría que haber sido contemporáneo de aquellos para interpretar correctamente lo que querían expresar a través de sus escritos, aunque parece claramente, que define el espacio de la mujer, y lo que debería ser lo correcto.
Sería una falta de delicadeza olvidar el papel de fieles colaboradoras que dos hermanas, las señoras Peláez, vienen cumpliendo para con la institución desde hace más de veinte años. De manera casi ininterrumpida han sido quienes han enviado cantidad de material bibliográfico y de videoteca para la biblioteca del Centro. Desde grandes colecciones ilustrando las bellezas de Asturias, hasta los más simples videos grabados en casa con todo el cariño para alimentar el conocimiento de los que se encuentran tan lejos.
Quedó para el final de este estudio la presencia activa de las mujeres en el Centro Asturiano de Buenos Aires a partir de puestos o tareas en subcomisiones, comisiones o en el área directiva.
De más está decir que ha sido realmente pobre a lo largo de la historia del Centro dicha presencia de carácter “oficial” por llamarla de alguna manera.
Todo comenzó en los años cincuenta y es notable la relación que presenta con el momento histórico que vivía Argentina en aquellos tiempos. En noviembre de 1951 las mujeres argentinas accedieron al voto en este país. Cosa no casual es el hecho que, en el Centro Asturiano de Buenos Aires, en 1954, apareciese por primera vez, una mujer presidiendo una comisión. En esta ocasión, la comisión Comicial. La primera protagonista detentando ese cargo será Faustina G. de García y desempeñará su tarea desde noviembre de ese año hasta el mes de septiembre de 1956.
Después de esta fortuita aparición, las mujeres quedarán nuevamente relegadas a su papel indirecto, sobre todo si hablamos hacia finales de la década del cincuenta y gran parte de la del sesenta. En el año 1968 aparece nuevamente una mujer en la comisión Comicial, se trata esta vez de Gloria Fernández García, esta vez en calidad de vocal.
En el año 1970 y parte de 1971 no hay mujeres en ninguna comisión, ya finalizando este último y comenzando el 72 las comisiones compuestas por alguna mujer serán las de Deportes, en una proporción minoritaria, y la de Cultura, generalmente con un número femenino considerable.
Será en 1974 cuando aparecerá nuevamente una mujer en calidad de presidenta de una comisión. En esta ocasión será la comisión Fiscalizadora, la que estará a cargo de Gloria Fernández Gasca, la que estará acompañada de una secretaria y, curiosamente, de cinco vocales masculinos.
Por esta época serán muchas las comisiones en donde participarán mujeres, Cultura, Deportes, Gestora, y Juvenil, teniendo como referencia que en el Centro funcionaba entonces un total de doce comisiones.
Volviendo a considerar a la revista Asturias, como gran referente de la historia del Centro en Argentina, en 1975, aparece una sección llamada “la página de la mujer”. En ella se podían leer notas con títulos como “La peligrosa mujer de hoy”, o “Sobre el avance de la mujer en la sociedad”.
Quizás atendiendo a estos prejuicios, y cursando la misma época en que se presentaba “la página de la mujer”, consultando las actas de Comisión Comicial, y siempre tomando un período como muestra, puede apreciarse que todas las agrupaciones postulantes a dirigir los destinos del Centro presentaban muy pocas candidatas pata cubrir los cargos de carácter jerárquico.
Así pues, tomando como modelo al año 1974 en función a las elecciones a celebrarse en el mes de noviembre, las agrupaciones “La Tierrina”, y “La Tierrina Leal” presentaban igual cantidad de mujeres para cubrir los mismos cargos específicos. Una mujer para la comisión Fiscalizadora, en carácter de titular; y otra mujer para la comisión de Comicial, pero en carácter de suplente, En el caso de la tercer agrupación “Astur Argentina”, presentaba en aquella ocasión sólo a una mujer en carácter de suplente, pero para integrar la futura comisión directiva.
A medida que el tiempo fue avanzando, no se pueden advertir demasiados cambios, ya que al igual que en tiempos anteriores, las mujeres se ocupaban de colaborar en las mesas en las épocas de votación o también, de integrar las listas de representantes de cada agrupación del momento.
Refiriéndonos ahora, específicamente al órgano ejecutivo de la casa, o sea, a la Junta Directiva, el caso es muy claro. A lo largo su historia prácticamente la conducción de Centro careció de protagonistas femeninas. Vale subrayar el término “prácticamente”, porque, por lo menos, algún ejemplo o excepción a la regla existe para citar, no como en los casos de las Comisiones de Socorros Mutuos o de Hacienda, donde jamás se registró un nombre femenino en su composición. Evidentemente nunca creyeron en las mujeres como reales administradoras.
Dentro de los casos a los que anteriormente catalogamos como excepciones a la regla o ejemplos, podemos nombrar a las señoras María Esther Bartolomé; a la ya desaparecida Elena Francisco Posada, durante la última década del siglo que nos precede; y a Pilar Margarita Valdés, quien pudo cruzar la franja de ese siglo y llegar hasta el XXI detentando un lugar en la Junta Directiva.
Cabría entonces hacernos una pregunta, ¿es coherente la situación actual de nuestro Centro con el contexto histórico que le toca vivir?
Es evidente que el camino recorrido por las mujeres a lo largo del tiempo de vida del Centro Asturiano, ha registrado una evolución en relación, por ejemplo, al reconocimiento de sus derechos civiles. Ha abierto su vida hacia nuevas perspectivas, tanto laborales como de proyección personal.
Pero, de todos modos, no podemos generalizar con una primer e imprudente mirada el tema. Por ejemplo, según la revista “Carta de España” del mes de marzo próximo pasado “… actualmente en la Unión Europea hay escasez de mujeres en los puestos de mando; esto no obedece a una discriminación, sino a una desigualdad”.
En realidad, el mundo exterior de la mujer se ha desarrollado notablemente; en Argentina, por ejemplo, dentro de la actual administración pública hay un 48% de mujeres trabajando. Si nos referimos en concreto a los puestos de mando, el distrito donde mayor cantidad de mujeres trabajan, es el de la Ciudad de Buenos Aires.
O sea que, para bien o para mal, mejor o peor ubicadas o reconocidas, las mujeres socialmente han conquistado un mercado laboral interesante con sabrosos ingredientes de mando.
Se desprende de esta breve mirada, que la evolución que acredita el contexto, no contagió demasiado al Centro Asturiano de Buenos Aires, que aún sigue siendo mayoritariamente de una composición oficialmente masculina.
¿Cuáles serían las causas de esta realidad?
Permítaseme esbozar a modo de conclusión alguna idea personal sobre el tema; el Centro Asturiano en una gran proporción fue y aún es, un lugar de la emigración que cobija el sentimiento de la nostalgia. Y la nostalgia no evoluciona, sino que deja flotando ilusiones, recuerdos, tradiciones y costumbres de tiempos pasados que, aunque no se muestren claras en el quehacer cotidiano, forman parte de la idiosincrasia y las vivencias de quienes las detentan y las transmiten a sus coetáneos.
Cabe destacar que esta nostalgia no es privativa del género masculino, ni siquiera tiene un propósito egoísta. Quizás, de común acuerdo, en los hombres y en las mujeres, como casi sin querer, este sentimiento va tiñendo su devenir y también, por supuesto, el de la institución a la que representan.
Tal vez sea la hora de considerar la opinión de un célebre asturiano, Alejandro Casona, cuando nos muestra a través de sus obras como “La dama del alba”,en Telva; o “Los árboles mueren de pie”, en la abuela, que las mujeres representan lo telúrico, la fuerza, el mandato del instinto que soporta y enfrenta las desgracias y las pérdidas. Que son de acero, y a la vez son tiernas, que se deshacen de dolor por dentro, pero permanecen enhiestas.
Quizás será el momento de considerar esta opinión como un desafío válido para poder permanecer en estos tiempos tan conflictivos, y así, trascender en las sociedades de la inmigración allende Asturias.
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