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PRIMEROS TIEMPOS EN LA CALLE MEJICO
El 3 de marzo siguiente a la fundación, ya se había alquilado un local en la calle Méjico 533, en la acera que está enfrente de la Biblioteca Nacional; casa que aún existe. Se acordó facilitar asistencia médica a los socios,' ,mediante un convenio (que hoy impresiona por lo módico) con el Dr. Nicola, se preparó un proyecto de Estatuto (cuyo modelo fue el del Orfeón), y se empezaron a dar señales de vida en el orden exterior con la adhesión del nuevo Centro al Congreso de Sociedades Españolas que a la sazón se organizaba en Buenos Aires. El Centro ya contaba entre ellas.
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El 20 de abril del año 13 (los fundadores no parecían ser supersticiosos), se celebró en el salón de actos de "La Prensa" la segunda Asamblea, en la que fueron aprobados los primeros trabajos de la Comisión y el Estatuto, con ligeras modificaciones. La Junta Directiva Provisional fue substituida por otra, ampliada, con carácter definitivo. Don Hipólito Fernández fue confirmado en la Presidencia. Poco después emprendieron su labor ordinaria las nuevas autoridades, se acreció el Registro de Socios, fue impreso el Estatuto (trabajo que realizó gratis don Bautista Fueyo), y se concretó la representación de la Entidad en el Congreso de Sociedades Españolas. Se organizaron las primeras fiestas, y con el pequeño beneficio obtenido se efectuó la apertura de la primera cuenta corriente, en el Banco de España y América. Además de la Sección de Propaganda, vital en esa primera hora, se crearon las de Instrucción, Administración y Organización Interna, Beneficencia y Festejos; se prestó ayuda con pasajes de repatriación y, con algunos libros donados, se habilitó la Biblioteca. En octubre empezó a funcionar un servicio de Farmacia, y asumió el cargo de Secretario quien habría de ejercerlo reiteradas veces: don Alfredo Malleza, infatigable y disciplinado organizador. |
EN LA CALLE ALSINA
El 26 de octubre, en el Club Hispano-Americano, sito en la calle Suipacha 28, se celebró nueva Asamblea General, en la que se dio cuenta a los concurrentes de una emisión de obligaciones por la suma de diez mil pesos, y en diciembre se efectuó el traslado a otro local. Se cambió de casa, mas no de calle, pues el Centro se instaló en Méjico 671 (también existe el inmueble), y con los dos mil pesos que se alcanzaron a cubrir en obligaciones (hubo un exceso de rosado optimismo por valor de ocho mil pesos que faltaron para colocar íntegramente la emisión), se adquirieron los primeros muebles y útiles. El nuevo domicilio, de dos pisos, permitía subalquilar algunas habitaciones, con lo que se ayudaba a costear los seiscientos pesos del arriendo y se obtenía cierto apoyo económico para el incipiente desenvolvimiento, con angustias de Tesorería. Como nobleza obliga, se reservó una pieza gratis para la redacción del "Heraldo de Asturias".
En 1914 se celebraron tres Asambleas (en mayo, junio y noviembre), y una Bolsa de Trabajo cumplió importante papel, pues el año de la guerra fue de desocupación y miseria. En la última Asamblea de ese año fue exaltado a la Presidencia el Dr. Luis Méndez Calzada, figura de merecido prestigio intelectual.
Desde principios de 1914 se venía pensando en una masa coral. Buenas voces había; siempre las hubo en nuestra colectividad, que es cantarina. La iniciativa cristalizó a fines del mismo año, con la creación del "Orfeón del Centro Asturiano de Buenos Aires", cuyas cuerdas (previa una actuación del Maestro San Román) ajustó el entonces joven Maestro José Vilatobá, quien consagró su vida a la dirección de coros. El nuestro fue el último que había de dirigir, ya anciano, hasta su muerte. Con posterioridad asumió la batuta el Maestro José Fernández Ronco. Después don Osmundo Barredo, quien ya había dado las primeras lecciones a los orfeonistas. Todos ellos utilizaron el armonio mencionado ya. El Maestro Ramón Serrano, artista lírico de nuestra tierra, también dirigió en los primeros tiempos la masa coral. El primer festival se celebró en el Teatro Victoria. El bajo cantante asturlano Paco Meana animó "Marina" .
Simultáneamente con la organización del Coro se empezaron a dictar clases de Solfeo y Música, y se constituyó el Cuadro Artístico, bajo la dirección de don Segundo Nachón'y don César:Martínez Lanio. La escenificación de obras de ambiente vernáculo dio a las veladas de fiesta, singular emoción terruñera y atrajo el entusiasmo de jóvenes aficionados. Era la hora de los cuadros filodramáticos.
El Registro de Socios marcó doscientos cincuenta adherentes y, aunque con muchas dificultades, la Entidad iba haciendo frente a los problemas que, inevitablemente, representaban en algunos casos escollos serios. Sin embargo, se movía.
En mayo de 1915, substituyó al Dr. Méndez Calzada el Vicepresidente don Alejo Camblor, y asumió la Secretaría con carácter interino don Olimpio V. García. El último día de ese mes se efectuó Asamblea General Extraordinaria, con el fin de introducir alguna modificación estatutaria que las circunstancias hacían aconsejable y, después de un cuarto intermedio, el 13 de junio se procedió a la elección de nuevas autoridades. Resultó electo para la Presidencia don Guillermo Villaverde.
La renuncia del Presidente y algunos otros miembros de la Junta, obligó a convocar a nueva Asamblea Extraordinaria. Se celebró el 26 de abril de 1916, fecha en que fue elegido Presidente don Agustín .Allande, a quien se debe el primer donativo de importancia -mil pesos-, tanto más valioso cuanto que llegó en un momento difícil para la Tesorería. En la Asamblea del 15 de octubre del mismo año se procedió a la renovación parcial de dirigentes. Al señor Olimpio V. García lo reemplazó en la Secretaría el señor Hilario Teja, hasta diciembre de 1916, en que tornó a actuar don Alfredo Malleza. A fines de 1917 asumió ese cargo don Antonio Alvarez, a quien sucedió don Hilario Teja.
Se había ampliado ya el número de comisiones auxiliares, con otras como las de Asistencia Sanitaria ,. la de Señoritas (pues la mujer estuvo desde el primer momento presente en la vida del Centro y realzó sus fiestas). Por algo más que por galantería corresponde anotar aquí el nombre de la Presidenta de dicha Comisión: doña María R. Gayol García. El Cuadro Artístico fue puesto bajo la dirección de don .-\ntonio Rodríguez, y a su lado, como Subdirector, figuraba don Elías Pardo. El Orfeón seguía a cargo de don Osmundo Barredo. Música de cuerda se oía por la noche en el local social, pues se contaba con una Rondalla de socios, dirigida por el Maestro Ezequiel Cánova.
El nombre del Dr. Luis Méndez Calzada aparece en el Jurado y, como asesor, a cargo del Consultorio Jurídico. Siguió siéndolo hasta el fin de sus días. Su nombre está vinculado también con el primer acto cultural de resonancia, realizado en el salón social en septiembre de 1917, con motivo del centenario de Campoamor. Velada memorable en la que disertó el joven letrado, oriundo de Navia, la villa natal del poeta. Tras el discurso, un concierto musical. Y luego baile, porque Terpsícore siempre tuvo fervoroso culto en nuestro Centro. La historia debe consignado, aunque sea bien sabido; pero corresponde aclarar que, además de la Danza, Terpsícore es Musa del Canto Coral, y que también podría hacerse una referencia -nitológica con los nombres de las Musas que patrocinan el Saber, el Teatro y la Música.
El 10 de octubre de ese mismo año apareció el primer número del Boletín del Centro Asturiano de Buenos Aires, antecesor de la Revista "ASTURIAS", nombre registrado que estaba en otras manos, al amparo de la respectiva patente. El Boletín llegó hasta febrero de 1919. Lució una tapa debida a la pluma del dibujante asturiano Alejandro Sirio.
En la temporada estival de este año s.e realizó la primera fiesta campestre, en Quilmes.
Dicho quedó el número de socios. El patrimonio social era de unos cinco mil pesos, y el desenvolvimiento económico, precario.
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Sinsabores, incidencias caseras, asambleas turbulentas, no podían faltar. Hubo de todo. Pero la primera borrasca de importancia que se desencadenó en nuestro medio se produjo a raíz de una disidencia, que acabó en escisión. Cosas del amor propio, o de la negra honrilla. En la pomarada asturiana apareció la manzana de la discordia, y la consecuencia fue el desgajamiento de un núcleo importante de socios, contrariados por no haber podido hacer triunfar la candidatura que patrocinaron en la Asamblea del 28 de octubre de 1917. E hicieron rancho aparte. Crearon el "Centro Asturiano de Cultura" y atrajeron a numerosos orfeonistas y aficionados del cuadro filodramático, debilitando así a nuestra no muy fuerte sociedad. La nueva entidad se instaló en la Avenida de Mayo 1139, en un magnífico primer piso, como en un escaparate. Su vida duró algo más de lo que dura un lirio, pero no alcanzó a cumplir dos años. Casi todos los que se habían apartado circunstancial mente del Centro, retornaron a él, donde fueron recibidos con los brazos abiertos, y reanudaron con lealtad su cooperaci6n. Renaci6 el entusiasmo, se incorporaron nuevos socios, se apretaron filas, y bien puede afirmarse que de tan dura prueba el Centro sali6 robustecido. |
Según el c6mputo tradicional, admitido sin objeci6n antes de las investigaciones hist6ricas de Sánchez-Albornoz (cuya tesis determina el año 722 para la Batalla) en septiembre de 1918 cumplíase el 1200 aniversario de la Gesta de Covadonga, y la colectividad asturiana residente en Buenos Aires, organizada en un Centro representativo, prepar6 y llev6 a cabo brillantes actos celebratorios del Día de Covadonga. Se edit6 un número especial del Boletín-el cuarto- dedicado a las efemérides de la Reconquista, realzado con las firmas de Palacio Valdés, Pedro Pidal, Fabriciano L6pez y Modesto Lafuente. Se celebr6 un solemne oficio religioso en la Catedral, juntamente con la Asociaci6n Española de Socorros Mutuos, que conmemoraba su aniversario. El acto cont6 con la presencia de la representaci6n diplomática y consular de España, y con los honores militares de un piquete del Cuerpo de Policía. Asistió el Intendente Municipal de la Ciudad -Dr. Llambías-, y hubo representaciones de las demás entidades españolas y numeroso público, ante los cuales pronuncióla plática alusiva a la fecha el Padre Souras. El mismo día -era el 8, el de Covadonga- se sirvió un banquete en el restaurante "Los Andes", Suipacha 28, y la fiesta tuvo bullicioso epílogo en el local social, con cantos hasta el amanecer. Pero la culminación de los festejos, con los que el Centro Asturiano atrajo por primera vez y en forma significativa la atención local (la efigie de Pelayo estaba en las esquinas) tuvo lugar en el Teatro Victoria, engalanado, pletórico de :autoridades y público, donde se realiz6 una velada brillantísiima. Se puso en escena "Camino adelante", de Linares Rivas y, finalizada la obra, el Dr. Luis Méndez Caizada pronunció un discurso magnífico en el que exaltó el sentido histórico de la epopeya asturiana. El Boletín dio pruebas de su capacidad al insertar la disertación del orador y el poema -un canto a España- recitado por su autor, el poeta argentino Julián de Charras, a quien se le entreg6 una medalla de oro; acaso la primera otorgada. También dio cuenta de la exposición de vistas estereoscópicas iluminadas, perteneciente a la colecci6n particular de don Elías Salgado, que representaban diversos aspectos del histórico sitio de Covadonga, que pudieron ser apreciadas por el público concurrente a tan memorable velada en la que, como fin de fiesta, hubo más aún: un recital de guitarra en el que se lució la señorita Adela del Valle, un concierto coral de repertorio asturiano, secundado fraternalmente por el Orfe6n Gallego, monólogos a cargo de Luis Santiago, actor de la compañía Guerrero-Mendoza. El telón de fondo reproducía la Basílica de Covadonga, realizado por el pirtor asturiano J. Rubiera (quien con su colega Jesús Bonati decoró con motivos alegóricos el salón de actos sociales) .
El CENTRO ASTURIANO DE BUENOS AIRES había echado la casa por la ventana, como en lenguaje familiar se decían los alborozados socios, y había dado fe de vida pujante, de capacidad organizativa, de sentimiento regional acendrado y de exaltación patriótica. Los dirigentes, los socios y la colectividad quedaron confortados por el resultado. Su repercusión se reflej6 en el Registro de adherentes y en el auge de las fiestas. El esfuerzo se había visto coronado por el más halagüeño de los éxitos.
EllO de 'octubre de 1918 se celebró Asamblea General, como consecuencia de la cual resultó elegido don Silverio Vegega para la Presidencia. AlIado del nuevo Presidente, profesional de prestigio, el señor Malleza, como Secretario.
En el mes de febrero de 1919 -ya se apuntó- dejó de aparecer el Boletín, y poco después –en abril- vio la luz el primer número de la revista "ASTURIAS", en vísperas de ir a un nuevo domicilio, ya que en mayo se trasladó el Centro al local de la calle Alsina 1376, que aún existe. La piqueta ha respetado todos los inmuebles que el Centro ocupó, La inauguración de la nueva sede se efectuó el día 17, Y en la oportunidad pronunció un discurso el señor Vegega. La nueva sede permitía seguir desenvolviendo la actividad societaria, aunque la casa era más reducida. Eso sí, el sitio, excelente. Los socios frecuentaban la Casa, las fiestas resultaban cada día más animadas y atraían a numerosas y honorables familias que imprimían un sello peculiar a las reuniones sociales. Los Carnavales del Centro Asturiano empezaron a dar que hablar, por su animaci6n y su brillo,
Es decir, se echaron las bases de lo que iba a ser una tradición. .En la funci6n teatral de septiembre en el Teatro Avenida, se aplaudió a un precoz actor asturiano al que entonces llamaban Narcisín (Narciso Ibáñez Menta).
Se aprob6 una reforma estatutaria el 1 de octubre de 1919, fue elevada la cuota social a dos pesos (valor del recibo que iba a durar muchos años), se organizó ia asistencia de los socios en clínica dental privada y se amplió el Consultorio Jurídico y Comercial. El señor Vegega era Contador Público. Ese mismo mes se cre6 el Círculo Cultural Jovellanos, antecedente del Ateneo actual, puesto igualmente bajo la advocación del polígrafo gijonés, y se inició una labor docente, mediante cursos de Solfeo, Contabilidad, Dibujo e Inglés. Quedaba evidenciado que no era menester crear otro Centro para cumplir el cometido de difundir la cultura.
En el orden asistencial ya figuraban los servicios del Sanatorio Central (Belgrano 2015).
En 1920 nuestra Institución contribuyó con un aporte destinado al Palacio de la Embajada de España.
Se abrieron concursos para la inscripción de nuevos socios y se otorgaron premios de estímulo a los propagandistas.
La celebración de la fecha de Covadonga tuvo en 1920 brillantez y resonancia análogas a los de la ya reseñada. En ella empezó a intervenir en actos culturales del Centro una figura Argentina de singular relieve: el Dr. José León Suárez, cuyo nombre perpetúa una calle de la ciudad. Era profesor de Historia, e hispanista de nota. El Sr. León Suárez respondía a su estirpe y se erigió en uno de los intelectuales más adictos a nuestra Casa. Desde el mes de octubre de ese año se festejó, sin interrupción, el Día de la Raza.
Después de una Asamblea que modificó parcialmente la composición de la Junta presidida por el señor Vegega, se llegó, sin otra actividad que la ordinaria (la cual suponía, claro está, esfuerzo, perseverancia y labor cotidiana por parte de los comprometidos en la romántica empresa) al mes de junio de 1921, en el que se recibió y agasajó en la sede social al profesor asturiano don Adolfo Posada (a la sazón catedrático de la Universidad Central), quien había venido a dictar cursillos universitarios y conferencias; tal como en su primer viaje, realizado en 1910, con motivo de los festejos del Centenario.
El desastre de Marruecos tocó la fibra patriótica de todos, y se formó una subcomisión para colaborar con la Cruz Roja. La presidió la señora Luisa Boucase de G. Fernández. Se recaudaron diez mil pesos.
Los señores Vicente González de Castro, Bernardo González Arrili, Luis Méndez Calzada, David Peña y el Padre José M. Alvarez, tuvieron a su cargo disertaciones de divulgación cultural. No se descuidaba ese aspecto.
En el año 1922 se realizó una Exposición de Arte Asturiano, encargada por las autoridades sociales a dos artistas de nuestra región: don Luis Menéndez Pidal y don José Ramón Zaragoza. He ahí el precedente de nuestra Galería de Arte.
Ese mismo año se rindió en España un homenaje a don Santiago Ramón y Cajal, al que el Centro se adhirió. La comisión de Buenos Aires, organizada con tan merecido fin, fue presidida por don Avelino Gutiérrez.
En la velada del día de Covadonga celebrada en el Teatro Avenida, disertó el Diputado Nacional don José Antonie Amuchategui.
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Poco después, en junio de 1923, el Centro alcanzó el 'millar de socios. Un jalón importante en su vida, ya que los asociados constituyen la savia de las entidades de esta naturaleza. Ello hizo preocuparse a las autoridades por la consecución de un local más a tono con las crecientes exigencias, con un buen salón de actos, imprescindible herramienta de trabajo social. Hubo entonces un comerciante español, el señor Santiago Belaunde, amigo de la Casa, quien a la sazón proyectaba la construcción de un ediftcio para su establecimiento mercantil. Se prestó a ampliar dicha construcción con dos plantas más, adaptadas a las necesidades de nuestro Centro, en la calle San José 224, con vistas también a la de Alsina. Levantó dos pisos para un inquilino que le resultaba grato -nuestro Centro- e inclusive hizo modelar en los frentes correspondientes a ambas calles el escudo de Asturias. Aún está allí, con los signos de alfa y omega bajo los brazos abiertos de la Cruz de Pela yo, en la sede social de la Casa de Galicia. Además de los dos pisos de referencia, se construyó una amplia terraza, y en ella, para dar gusto a los concurrentes, un hórreo. A la sombra de su alerón de tejas, soñaron transportarse a la tierrina. |
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Antes del traslado al nuevo edificio, obtuvo el Centro la concesión de la personalidad jurídica. El trámite tuvo alternativas dignas de mención, pero se desglosa en capítulo aparte. La velada de Covadonga se realizó en el Teatro San Martín. Asistió el Presidente Alvear. Actuó la compañía de la actriz Margarita Xirgu. En octubre dejó de existir el filántropo asturiano don Manuel García Fernández, fundador de ingenios en Tucumán y socio del Centro. Ese año la Junta Directiva acordó la filmación de una película cinematográfica intitulada "Los asturianos en Buenos Aires", proyectada el año siguiente. |





