Bienvenid
Iniciativa fundacional convocatoria
antecedentes primera junta
EL día 23 de febrero de 1913 surgió a la vida el CENTRO ASTURIANO DE BUENOS AIRES. Como todo nacimiento presupone gestación, hay que consignar que los asturianos residentes en la ciudad de Santa María del Buen Aire cuando aún perduraban los ecos del Primer Centenario Argentino, eran en su mayor parte gente joven. Tan sana que sólo estaba enferma de nostalgia. Que Asturias era un nombre que les endulzaba los labios y las entrañas, era la evocación de una tierra fuerte y bien amada, jugosa y fresca, heroica y ejemplar. Era una tradición viva, era la figura sacrosanta de una Madre, era el Paraíso perdido. . . A todo eso se debían. Y en las horas, tan escasas, que la dura jornada de labor les dejaba libres, en los contados días en que el almanaque comercial permitía descanso, el espíritu de aquellos hombres volaba a través del mar, se empapaba en nieblas de lejanía, se recostaba en el regazo de un valle aterciopelado, de ensueño, transitaba las rúas del pueblín natal, y cuando se reunían dos o tres paisanos se entregaban al coloquio sin par de la añoranza, al conjuro de una frase ritual: ¿te acuerdas?.. y muchos de ellos sentían el cosquilleo de una iniciativa: la de agruparse, la de crear una entidad social, la de fundar una casa que se transformara, piedra por piedra, en Casona, en la que resonara la melguera fabia de sus lares; donde pudieran acogerse para solaz del alma, para esparcimiento, y para contribuir con obra, obra de bien común, a dar renombre a esa tierra que llevaban en el pecho, pues de esa ti~rra estaba hecho al fin su corazón, y que otras veces llevaban a flor de labio como una tonada que empezaba así: ¡Asturias, patria querida!, con letra y música que resonaban como un himno.
Por aquellos tiempos, la vida comercial y su ajetreo radicábanse al sur de la ciudad, en barrios y calles decaídos hoy. Allí las casas mayoristas, que eran bancas; allí los cafés con aire de casino, y el rincón topadizo de la tertulia amical, entre el billar y el dominó. En esas peñas fue adquiriendo forma la nebulosa de una idea que no podía disiparse con el humo de los cigarros: ¡Si fundáramos un Centro! Precedentes ya había. . .
Guárdase en nuestro Archivo un libro de actas que documenta fehacientemente la existencia de un Centro Asturiano en el año 1895. La primera de las actas es del 28 de mayo de ese año. Figuran en ella en carácter de Presidente y Secretario, respectivamente, los señores Baldomero Villamil y Juan Calvo. La firma del mencionado actuario mantiénese a 10 largo del tiempo que abarca dicho libro (hasta octubre de 1897). En cambio, la Presidencia aparece ejercida por varios (los señores Manuel G. Llamazares, Guillermo Villaverde, Fermín Calzada y Benito Sánchez, entre ellos). En todos los folios aparece estampado un sello que expresa: Centro Asturiano Buenos Aires, y en el medio del círculo se entrelazan las iniciales C. A.
En nuestra sede social se conserva -triunfante del tiempo y la polilla- el sedeño estandarte del Centro Orfeón Asturiano, insignia que levantó su lira bordada en oro sobre laureadas resonancias corales a fines del siglo pasado. Se conserva también el libro de caja de esa agrupación coral, fundada el 16 de abril de 1894. Hubo también un Círculo Asturiano que en 1912 languidecía; un círculo que acortaba su radio hasta el punto de ser apenas perceptible. y hubo un semanario -el "Heraldo de Asturias"dirigido por don Osmundo Barredo Gutiérrez, un villaviciosino de temperamento' lírico, que desde las columnas del periódico lanzó esa idea que estaba en e! Ambiente, la patrocinó, le dio aliento, la entintó, y surgió una comisión que, ni corta ni perezosa, dirigió un llamamiento a la colectividad dispersa.
Fue el 28 de enero de 1913 cuando se constituyó una Comisión Organizadora, con e! respaldo oro de la honradez entusiasta de sus componentes, y con la plata que representaban en aquellos tiempos doscientos pesos; reunidos a escote con una importante parte alícuota de! sueldo de cada cual, para afrontar los primeros gastos.
Redactaron una circular, fechada el 14 de febrero, que, echada a voleo, tiene que caer fatalmente en e! surco abierto de estas líneas recordativas, tal como en su hora cayó en suelo propicio para que la semilla germinara. Hela aquí:
COMISION ORGANIZADORA Buenos Aires, 14 de Febrero de 1913.
Distinguido comprovinciano:
Ansiosos los que forman esta Comisión de que la importante colectividad asturiana cuente para la expansión de sus afectos con una sociedad digna de Asturias y de sus hijos residentes en la Argentina, hemos decidido realizar los trabajos preparatorios para llegar, por el esfuerzo y el apoyo de nuestros coterráneos, a la fundación de un CENTRO ASTURIANO, cuyos principales fines serán de ayuda mutua en todo aquello de general conveniencia.
Con ese propósito tenemos el agrado de dirigimos a Ud. para invitarlo a la asamblea que se verificará el día 23 del corriente, a las dos p. m. en la Sociedad San Martín, Rodríguez Peña 344, y en cuya reunión se estudiará la mejor forma de hacer triunfar esta iniciativa, sometiendo nuestros deseos a la aprobación de los reunidos, poniendo las bases a la gran obra de fundar un CENTRO ASTURIANO y asegurar su vida para bien de la laboriosa colectividad asturiana, más importante cada día que pasa y bien merecedora de los señalados prestigios que ha sabido conquistar en todos los órdenes que sintetizan el desenvolvimiento fructífero de esta nación progresista.
Anticipándole muy expresivas gracias por el honor que nos dispensará asistiendo a la asamblea para la cual le invitamos, nos es sumamente grato saludarlo afectuosamente y con la consideración más distinguida.
PRESIDENTE: Antonio Camblor; SECRETARIO: Segundo Nachón; TESORERO: Francisco Fernández; VOCALES: Salustiano Pérez; Alejo Camblor, Francisco Rodríguez, Casimiro Blanco, José González, Celso Cuervo, Baldomero Fernández, JoséVillaveirán y Osmundo B. Gutiérrez.
El día señalado por la convocatoria, a las dos de la tarde (post meridiano se expresa culterana y abreviadamente en ella), en el salón de actos de la Sociedad San Martín, (Rodríguez Peña 344, tal es el número exacto), constituyéronse en Asamblea, como en concejo abierto, alrededor de ciento sesenta Asturianos. Por ausencia del señor Camblor, presidió don Segundo Nachón. A su vera, como Secretario, se sentó don Osmundo Barredo Gutiérrez, el ya nombrado Director del semanario que había lanzado la idea, aquella idea que bullía en la mente y en el corazón de los asturianos. Por supuesto, hubo calor de debate, además del propio de una tarde veraniega en horas de siesta. No faltaron allí voces que abogaban por la continuidad del Círculo Asturiano, deseosas de reanimarlo o de hacerlo renacer de sus cenizas recientes. Si así hubiera ocurrido, hoy sería la entidad que ostentaría el decanato de las sociedades asturianas del país. Mas prevaleció la iniciativa expresada en la convocatoria, o sea la de fundar una nueva entidad, ésta que celebra ahora su cincuentenario, con la denominación de CENTRO ASTURIANO DE BUENOS AIRES. Como la ciudad, tuvo más de una fundación.
Así, a cuatro pasos de la porteña, típica e insomne calle Corrientes -la Corrientes estrecha-, unos cuantos asturianos acababan de fundar un Centro, inspirados por el culto a lo típico regional de su terruño. Entidad que iba a ser, desde el primer momento, factor de bien común para la ciudad de las dos fundaciones, cuyo nombre quedaba unido al suyo, y para la Nación progresista de la que se hacía mención en la circular. Sin entrar en minucias, esto ya es historia. E historia es también poner de relieve el espíritu fundacional -primera piedra-, al que hay que volver los ojos cada vez que el ánimo experimente flaqueza. El ejemplo, con validez de mandato, lo dicta el espíritu que animó a los fundadores, a los que hicieron realidad un sueño.
Principio quieren las cosas. Y en los principios estamos. Se designó una Comisión Provisional, cuya Presidencia se confió a don Hipólito Fernández, tinetense recién llegado, de palabra fácil y con cierta experiencia curia!. La Vicepresidencia, a don Casimiro Blanco, la Secretaría a don José García Diego, y la Tesorería a don Francisco E. Rodríguez, asistidos por otros entusiastas colaboradores cuya nómina figura en el lugar respectivo como en un cuadro de honor.
Se fijó la cuota social en un peso y cincuenta centavos, y se prestó inmediata ayuda a un comprovinciano enfermo y menesteroso. Fue el primer socorro, acto de solidaridad que marcaba el ademán humanitario de tender la mano al desvalido. Se creó la Sección de Propaganda, en la que cupo destacada actuación a don Alfredo Malleza, cuyo nombre quedó inseparablemente unido al de la organización del Centro.
Las dos primeras reuniones se celebraron en un café esquinero de las calles de Buen Orden (hoy Bernardo de Irigoyen) y Méjico. Posteriormente, en la redacción del "Heraldo de Asturias", semanario que venía a ser el órgano periodístico oficial de la flamante sociedad, la cual se hizo cargo de los últimos enseres del extinto Círculo Asturiano, así como del estandarte del Orfeón. Y el armonio, otra reliquia.

